18 feb. 2009
Sangre fría
Las primeras luces del amanecer se colaron por las rendijas de la persiana iluminando ténuemente la habitación. Entre el enredo de sábanas ambos dormían aún tranquilamente. Él la envolvía casi completamente, abrazándola por detrás; ella descansaba con su espalda pegada al pecho de él. Las cortinas jugueteaban toreando al viento, que las hacía salir a través de la rendija del ventanal. Las paletas del ventilador de techo seguían girando alocadamente haciendo circular un poco el aire en la habitación, con un sonido molesto y constante.
Abrió los ojos lentamente, como pidiéndole permiso al sueño para volver a la realidad. Se tomó unos momentos para sentirla. La manera en la que ella respiraba y el perfume que sentía en su piel le trajeron flashes de lo que había sido esa noche. Miró la hora con cuidado, ya que no quería despertarla aún. Todavía era temprano. Nada mejor que la sensación de que todavía se puede seguir durmiendo, o por lo menos descansar quieto en la cama. Se dedicó a mirarla por unos momentos más, saboreando el contorno de su figura.
"Buen día, mi amor", dijo ella como si supiera que él la miraba.
"Buen día", respondió él a la vez que le hacía mimos en la espalda.
La habitación cada vez más iluminada invitaba a esconderse entre las sábanas y almohadas. Hubo un silencio, en el cual se acurrucaron para estar más cerca uno del otro. Ella volteó para tenerlo cara a cara. Él pasó su mano delicadamente por su rostro, y la besó. Las caricias escalaron rápidamente, y ella pretendió trepar por el cuello. Él nunca pensó en resistirse...hasta que la alarma del reloj comenzó a sonar en algún punto de la habitación. Ninguno de los dos reaccionó a ese sonido, que se mezclaba con el del ventilador de techo, y el flapeo de las cortinas del ventanal.
Ella seguía su recorrido muy concentrada, llena de pasión, de fuego. Queriendo aún prolongar la noche, rehusándose a salir de la cama.
Unos minutos más tarde el celular sonó, vibrando desde algún otro lugar de la habitación.
Él caía en la cuenta de que el paraíso que ella le pintaba llegaba a su fin, y de a poco fue volviendo a la realidad. Volviendo al sonido del celular, del ventilador, de las cortinas, a la luz y al frío matutino que inundaba la habitación.
"Hermosa, disculpame. Tengo que atender", dijo él pidiendo perdón con la mirada.
Ella se envolvió en las sábanas y se dirigió al baño.
El celular seguía sonando. Buscó sus jeans con la mirada, y los vio sobre el sillón. El aparato no estaba en los bolsillos como había pensado.
"¡El saco!", se dijo. Lo alcanzó, colgado en una de la sillas, y sacó el celular de uno de los bolsillos internos.
"Hola...si...ok. Dame diez minutos y salgo para ahí. Dale, gracias"
Se detuvo unos segundos, luego de terminar la llamada, sentado aún sobre la cama. Apretó el celular en el puño. Ella asaltó su cuello besándolo repetidamente y subiendo hasa la parte de atrás de la oreja.
"¿Venís a la ducha?", susurró a su oído.
Él quería de destrozar el celular entre sus dedos,"Por qué justo ahora?". Aclaró forzosamente su juicio, no tenía otra opción.
"Mi amor. No puedo, me tengo que ir volando", dijo volviéndose a ella. "En cuando tenga un ratito te llamo...o sino, nos vemos más tarde. ¿Te parece?"
Ella no contestó y volvió al baño.
El deber llamaba y no podía escapar de la situación. Frustración, impotencia; sentimientos enredados que lo ataban a una realidad que nunca iba a poder disfrutar, o al menos no como una persona normal.
"Ya calenté el café", dijo ella antes de meterse finalmente en la ducha.
Él dejó la situación de lado y aclaró su mente. Abrió su maletín y sacó el arma lista para abrir fuego. La puerta del baño estaba entreabierta y podía verla a través de la cortina transparente de la ducha. Jaló el gatillo no una, ni dos, sino tres veces. Ella no tuvo tiempo ni de gritar, y cayó sobre el piso de la ducha. Él sin ningún apuro, y con una sangre fría sorprendente, se vistió; se sirvió una taza de café, que terminó en un buche, y con casi el mismo atuendo de la noche anterior salió por la puerta de la habitación 101 del hotel.
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