31 dic. 2008

Atracción

La vi mientras iba caminando hacia la inmobiliaria. Era exactamente idéntica. Un jardín hermoso al frente. El techo de tejas, la entrada amplia con escaleras, hacia la izquierda la entrada al garage, dos ventanas hacia los lados de la puerta, vidrios al lado de los marcos de la puerta. Toda de madera. Como esas casas norteamericanas que nos mostraron toda la vida en las innumerables series de tv. Admiré la perfección en esos pocos segundos.

La calle estaba vacía, algo bastante extraño porque eran las once de la mañana. Tampoco circulaban muchos autos. Miré hacia ambos lados y crucé. Llegué a la entrada de ese jardín, muy bien cuidado. Habían un par de cartas en el buzón del correo. Sin saber bien por qué, tal vez porque soy chusma, hojée lo que había. Aparentemente eran cuentas para pagar. 

Crucé el jardín por ese sendero de piedra perfecto. Admiré la fachada una vez más mientras subía las escaleras de la entrada. Pasé la mano por la madera, y una sensación familiar me subió por el brazo. A la derecha había una hamaca paraguaya, delicadamente instalada. Varias plantas y flores decoraban el lugar. Me detuve en el detalle de las ventanas. Rectángulos grandes y rombos pequeños (en la parte de arriba). Me volví hacia la puerta. Era idéntica a como la recordaba, blanca e imponente. Al posar la mano en ella hubo un cosquilleo de emoción. Nada podía ser tan perfecto.

De a poco me fui acercando a las ventanillas fijas a los lados del marco de la puerta. Parecía que de momento no había nadie en la casa. La tentación fue inevitable. TENÍA que saber si era tan perfecta por dentro que por fuera. Pegué mi nariz contra el cristal para ver el interior, no sin antes dar una mirada a los alrededores (por si las dudas). Un perchero no me dejaba ver demasiado, pero podía ver que del otro lado había un pasillo ancho, y unas escaleras que supuse irían hacia el segundo piso. Rápidamente me fui hacia la ventanilla del otro lado del marco. Pude llegar a ver parte de la cocina. Todo era si perfecto, y totalmente idéntico. Increíblemente idéntico. No entendía como había encontrado LA casa. 
Hubo una pausa de unos segundos, en que mi nariz pareció unirse al cristal, y yo perdido en mis pensamientos.
"Disculpe! ¿Qué hace? ... ¡Le estoy hablando!", dijo una voz femenina detrás de mí.
Salté del susto, y me di vuelta al instante, limpiando el vidrio de las marcas que le había dejado.
"¿Lo puedo ayudar en algo? ¿Qué está buscando?", volvió a decir incisivamente. La señora debió haber pensado que quería robar la casa, o algo parecido.
"Disculpe señora, estaba mirando su casa. No piense mal.", dije...como mejor me salió.
"Digame qué quiere o váyase. ¡Sino llamo a la Policía eh!", dijo la señora levantando su bastón de manera amenazadora.
En ese momento apareció la segunda perfección del día, dejándome sin habla.
"Tranquila Abuela, tranquila.", dijo la joven ... que parecía un angel antes que un ser mortal. "Señor, ¿qué está buscando? ¿Qué hace mirando por nuestra ventana?", agregó la joven.
Su mirada me penetró profundamente. Sus ojos verdes eran imponentes. No vi otra posibilidad más que decirle la verdad, pero dado el tiempo que estaba demorando en responder de seguro iba a pensar que tenía alguna clase de retraso mental.
"Perdón. Es que...vi la casa desde el otro lado de la calle y me gustó mucho. Quería verla más de cerca. Eso es todo", dije nervioso.
"No le creo señor, no le creo. Váyase, váyase de una vez y si lo veo por acá de nuevo llamo a la Policía me escuchó!", comenzó a gritar la señora mayor.
La casa era exactamente igual a como la había visto en mi mente. De algún lugar tenía esa imagen, tan viva, tan perfecta, tan mía. Estaba seguro que si entraba podría reconocer cada pequeño rincón, como el placard debajo de las escaleras que casi no se ve, o ese compartimento en la estufa a leña.

La joven se dio cuenta que no mentía, por algún extraño motivo, y volvió a calmar a su Abuela con un gesto.
"Ok. Entiendo que le parece que la casa es muy linda, ahora...con su permiso...", dijo la joven procediendo a entrar a su casa. La señora mayor no me quitaba los ojos de encima.
Sentí la necesidad de decirle la verdad. Explicarle por qué sentía lo que sentía. Por qué todo era tan perfecto y por qué me atraía tanto.
"Disculpe...", dije nervioso una vez más. Ella me volvió a mirar, y me volví a perder en esos ojos verdes.
"¿Si?", preguntó...esperando que dijera algo.
"Erm...tenés una factura de teléfono vencida en el buzón.", fue lo único que me salió.

Ella hizo un gesto mezcla de asombro e irritación. Entendí que a nadie le gusta que le revisen el correo.
En ese momento quería esfumarme de la vista de todos. Saludé vagamente con la mano, y me fui caminando, lo más rápido que pude. Ella me quedó mirando por unos segundos, pude sentirlo. Miré hacia atrás cuando sentí el golpe de la puerta cerrándose.
La casa era hermosa, era perfecta. La casa de mis sueños, literlamente.

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