Descubrió el perfume tras la brisa de la mañana, escondido entre la niebla, zigzagueando entre la helada. El aroma vino lleno de recuerdos, de tacto, y de gustos redondeados ya en la amargura. Entró sin pedir permiso. Sin saludar. Construyó un puente entre el sueño y la realidad, pintando imágenes perfectas e ideales, tomando forma ante la mirada inocente a lo inalcanzable. Viajando hacia el pasado y proyectando un futuro que se perdió en un presente reflejado en la superficie de un charco congelado en un Invierno.
Revivió mil y ún detalles inmortalizados en historias que no serían nunca reveladas. Historias que yacían grabadas en la memoria tras el flash luminoso de una ilusión que quedó por el camino. Recordó experiencias de vida, que tiraron el prejuicio al sótano y lo encerraron con candado en un baúl. Jugó en escenas sobreactuadas de un teatro en el olvido, y culpó a un telón que demoró en caer.
Vio memorias instantáneas que renacieron invocadas sutilmente por algún detalle que solo él sabe. Memorias que se borraron con la estela de un perfume que se extinguía en la distancia. Un perfume que nunca fue de ella, pero si de todo su ser.
Todo eso en un pasar, en un aliento.
Y el perfume.
17 ene. 2009
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Hace dos años no sabés más de ella.
ResponderBorrarCambié de champú. Pura coincidencia, pero tiene el mismo aroma que Soledad, cuando nos despertábamos e íbamos cada uno a su trabajo.
Y yo pensaba que las máquinas de viajar en el tiempo tenían que ser complejas.